Pasar al contenido principal

Cultura

Pablo Milanés: 8 canciones esenciales

En el día en el que sus admiradores le despiden en Madrid, recordamos ocho canciones que son esenciales para comprender la trascendencia musical y artística del querido creador cubano que acaba de partir. ¡Buen viaje, Pablo!

Pablo Milanés
Pablo Milanés | Facebook Pablo Milanés Oficial / https://www.facebook.com/pmilanesoficial

Noviembre 23, 2022 11:39am

Updated: Noviembre 23, 2022 11:39am

La abrumadora producción discográfica de Pablo Milanés, fallecido este martes en Madrid, aborda casi medio centenar de títulos —incluyendo álbumes compartidos y grabaciones en directo— y varios cientos de composiciones de autoría propia, a menudo en letra y música, y en ocasiones con versos prestados de grandes poetas.

Pero, sin minusvalorar ninguna de sus etapas, parece claro que el núcleo angular de su repertorio se concentra en la primera década de actividad grabada, entre 1975 y 1984, un periodo enormemente fértil, inspirado y prolífico, en el que tuvo tiempo de entregar una docena de álbumes.

Todas estas composiciones acabaron de fijarse para siempre en la memoria de los aficionados cuando en 1985 llega el celebérrimo "Querido Pablo", un elepé producido y apadrinado por el cantante español Víctor Manuel que le abriría con todos los honores las puertas del mercado español y latinoamericano gracias a su ilustrísimo elenco de invitados: de Ana Belén, Serrat, Aute y Miguel Ríos, a Amaya, Chico Buarque y Mercedes Sosa.

"Mi verso es como un puñal" ("Versos de José Martí, 1975)

“Yo sé de un pesar profundo / entre las penas sin nombres / ¡La esclavitud de los hombres / es la gran pena del mundo!”, clamaba el cantor en su primera melodía indispensable. Y en su más primigenia reivindicación de la poesía como arma (o puñal) para avivar conciencias. Y quién mejor que José Martí para canalizar esa necesidad de hablar a través de la poesía.

"La vida no vale nada" ("La vida no vale nada", 1976)

Pablo como trovador, armado de letra, voz y música, llega con su segundo elepé, para muchos el más pletórico y definitorio de su trayectoria. Casi todo lo que en él sucede ha trascendido a los años y pervive en la memoria colectiva, seguramente más aun por el regusto desolado que deja su partida. 

"Para vivir" ("La vida no vale nada", 1976)

Pablo fue inmenso en el arte de la canción de amor, un capítulo ineludible para cualquier compositor, pero en el que resulta difícil no incurrir en lugares comunes, en exceso transitados. De alguna manera, el cubano quiso combatir ese canon dedicando su primera balada mayúscula, una pieza de melodía hermosísima, a la hiel de un amor desvanecido: “Y aunque el llanto es amargo piensa en los años / que tienes para vivir / Que mi dolor no es menor y lo peor / es que ya no puedo sentir”. Los créditos del álbum especifican que la letra se remonta a 1967, coincidiendo con sus primeros pasos musicales.

"Yo pisaré las calles nuevamente" ("La vida no vale nada", 1976)

Un tema alegórico al golpe de Estado de Pinochet en septiembre de 1973, a la primavera democrática chilena que simbolizaba Salvador Allende. Sin embargo, como una profecía no necesariamente consciente, como un bumerán poético, este tema puede fácilmente ser el himno de muchos cubanos exiliados, que sueñan con pisar las calles nuevamente de lo que fue La Habana "ensangrentada", y en "una hermosa plaza liberada" detenerse a "llorar por los ausentes".

"Yo no te pido" ("No me pidas", 1978)

En este tercer disco despunta una de sus grandes piezas canónicas, una llamada a la intensificación del amor en el que destacan su registro vocal agudo, la apuesta por las estrofas que hacen las veces de estribillo —un rasgo frecuente en el trovador— o unos arreglos más minuciosos y sofisticados que hasta entonces, con la inusual presencia de la trompeta y el clavicordio en el menú.

"Canción (De qué callada manera)" ("El pregón de las flores", 1981)

En su disco rubricado a dúo con la venezolana Lilia Vera, otra abanderada de la canción protesta, despuntó enseguida este son precioso en torno a unos versos de su admirado Nicolás Guillén. La pieza, por una vez casi bailable, es de una ternura adorable (“De qué callada manera / se me adentra usted sonriendo / como si fuera / la primavera / Yo, muriendo”). Además, se incorporó con enorme éxito a los repertorios de Víctor Manuel y Ana Belén, o de Chico Buarque (adaptada al portugués: "Como se fosse a primavera"), y más tarde también al de Soledad Villamil, la actriz de "El secreto de sus ojos".

"Yolanda" ("Yo me quedo", 1982)

El recuerdo de Pablo vivirá por siempre ligado a esta página eterna, la madre de todas las canciones de amor. La musa e inspiradora de aquellos versos inolvidables (“Si me faltaras no voy a morirme / si he de morir, quiero que sea contigo”) era Yolanda Benet, madre de la también cantante Lynn Milanés y de otras dos hijas en común, Lyam y Suylén, esta última fallecida en febrero. Benet había conocido al cantante a finales de 1968, cuando ella trabajaba en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). 

"El breve espacio en que no estás" ("Comienzo y final de una verde mañana", 1984)

La otra gran canción de amor, con letras capitales, en el catálogo. Y la única que a día de hoy puede competir con "Yolanda" —aunque sea a cierta distancia— en número de escuchas en las plataformas digitales. El amor no es tan arrebatado y sin mácula como en su canción bandera, pero parece que el carácter pendular y algo impredecible de la musa acaba erigiéndose para el poeta en atractivo adicional: “Suele ser violenta y tierna / no habla de uniones eternas / mas se entrega cual si hubiera / solo un día para amar”.